martes, 12 de noviembre de 2013

CUERPO Y ALMA

Cordero desgrasado, mermelada de damasco, pan mojado en leche
mientras cebollas, ajo y jenjibre se suavizan

sin haber olvidado las bananas,
las hojas de laurel

ni dos huevos batidos en la leche sobrante
y todo para ser horneado, y servido

sobre una base de arroz azafranado
cosas que se consiguen

en la mayoría de los buenos kioskos, el único
todavía abierto, el triste negocio

que también vende zoquetes en pilas de a seis
grises, azul marino, negros, puestos en una canasta

como un altar cerca de las góndolas frías
donde manteca, leche, fiambres, queso

se ubican detrás de velos de plástico,
todo el negocio un altar para mantener la desolación

oh compradores de sombríos zoquetes y manteca
los insomnes que se levantan

y llegan corriendo al lugar, descalzos, sin aliento
señalándole cosas a la mujer sentada detrás del mostrador

delante de los cigarrillos, al lado de la máquina del Lotto, cerca
de los bastoncitos de chocolate; y el que vuelve a casa caminando, cansado

desde la fiesta lejana, el cordero desgrasado, el fuego lento
debajo de la pesada sartén, el ajo, las cebollas, la luz

damasco, el pasto lechoso, los corderos danzantes
en los cráteres del planeta, las mujeres durmiendo sobre camas de jenjibre

entrando en un sueño para comprar
brazaletes, sedas, mermelada de damascos.

Temprano una mañana de domingo,
la esposa de Diarmuid, de Irlanda, se levantó del lecho
"¿Qué pasa, Amada mía? ¿Adónde vas?
“Por la plaza y el campanario, a Glen-na Scail"
"¿Qué buscas allí?"
Unas túnicas bordadas, tres diademas,
nueve broches antiguos, filigranados,
engarzados, parte de mi dote."
"Ven, vuelve
a mi lado. Viajar en domingo, se dice, es mal augurio, y
la cama es mejor que equivocar el camino aue."
"Voy porque debo."
“No puedes viajar sola."
"Mi doncella viene conmigo."
Aprisa partieron de Tara las mujeres
hacia el sur. Entre charlas se extraviaron por sendas de hierba mora.
La leyenda las oculta esa noche en un bosque de Munster.
Fijamente las miraron unos ojos, aguardando la matanza. Pero
Becfola trepó a un roble y allí permaneció, el cálido aliento en sus talones
mientras los lobos aullaban por la comida cercana.
El miedo cerró sus ojos. El miedo se los abrió.
El corazón latía de nuevo. Los lobos se habían ido.
Lloró, desesperada, por los huesos roídos de su doncella.
Algo resplandeció entonces
como su júbilo próximo. En una hondonada
vio a un joven ligeramente ataviado
en seda púrpura con fajas de plata
y rubí en los dos largos pliegues que caían
de sus hombros musculosos, como un balón
cada uno. Trató de gritar, pero su voz era débil. Aquella espada
con piedras preciosas en la empuñadura, aquel escudo ovalado,
la salvarían del malechor, de perder
la virtud, cuando su nuevo campeón
los esgrimiera. Brazaletes y anillos se iluminaron
cuando éste se arrimó a una olla atendiendo el fuego.
Becfola corrió, trastabillando: el joven la tomó tiernamente,
la llevó junto al calor, contemplándola,
sin pronunciar una palabra. Más leños se apilaron
solos bajo la olla. Asombrada,
compartió con él la comida. La llevó luego en silencio
hasta un arroyo cercano; Becfola hundió sus manos
con las de él en el agua, bebió, secó su boca y lo siguió.
Miró hacia atrás - el fuego se había desvanecido. La sorpresa
volvió a detenerla. Estaban a orillas de un lago –
un bote de cobre se hamacaba amarrado a un islote:
el joven lo atrajo hacia la costa con un cabo
y el crujir de un trinquete, señaló, sonrió
y lo guió hasta las gradas sumergidas
de aquella casa en la isla. Becfola vio allí
hermosas camas, pero ni una sola alma. Sin una palabra,
se desnudaron como marido y mujer.
Sin una palabra, ella se acostó entre él y la pared.
Dos veces en la noche se despertaron,
se volvieron uno al otro, pero no traicionaron
al Gran Rey de Irlanda.
A la mañana siguiente el joven habló:
"Eres mi esposa ahora, pero no puedes quedarte.
Vuelve a casa, y espera a que envíe mis duendes terrenales."
"¿Cómo podré irme sola? Mi pobre doncella fue muerta en el bosque."
"Ella está sana y salva,
abrigada por un fuego inmaterial."
Esposa y doncella volvieron entonces a Tara.
Todo lo ocurrido había durado
menos de un minuto.
Becfola se desvistió rápidamente
y se acostó junto al Rey.
"Escuchaste mi buen consejo" -dijo Diarmuid,
volviéndose hacia ella - "y ahora pareces una flor dulce.
Todo ardor y murmullos, como si hubieras escapado
a un asalto de besos. ¿Por qué, me pregunto?
Becfola sintió la creciente excitación de su esposo. Se deslizó
bajo los brazos del Rey con un suspiro profano,
abriendo los suyos. Oyó el amanecer
afuera entre los olmos, y sonrió.
"Porque soy,
Amado mío, tu esposa obediente."
Es a nosotros a quienes se quejan por tus fracasos;
cuando el dolor se prolonga toda la noche,
cuando la gente se reúne con impotencia alrededor de una cama,
cuando la angustia agota al corazón,
nos toca a nosotros soportar la ira.

Cuando el amor se acaba,
cuando los amigos se han ido,
cuando los mundos son escombro,
cuando los ojos no pueden alzarse para ver el sol,
la gente nos pide explicación; y nosotros estamos mudos.

Cuando la furia en tu contra es un mar rabioso
somos las primeras rocas de la costa.
Contemplé mis días y vi que
con la primera afirmación del verano
debo dejar todo lo que conocí:
la casa, la familiaridad de la familia,
compañeros y recuerdos de la niñez,
un porvenir cortado como un traje a medida,
una vida ordenada entre mis amigos de la escuela.

Contemplé cara a cara a mi futuro:
vi viajes a lugares distantes, la diaria pelea para sobrevivir
en ciudades extranjeras con lenguas extranjeras
y pequeños cuartos alquilados durante noches
sin compañía, con a veces el consuelo
de un amable brazo anónimo sobre la almohada.

Contemplé los rostros a mi alrededor
y vi el final de mis días corno un barco que regresa,
con su vigía cantando en las jarcias,

Vi mi vida y fui hacia ella,
como un marino parte solo a la noche de su casa
y va hacia el puerto con sus pertenencias atadas,
y zarpa hacia la oscuridad.

MI PADRE HABLABA CON LOS CISNES

Apoyado en la baranda
del Puente de South Gate
mi padre hablaba con los cisnes
recordando sus días
con los Royal Munster Fusiliers.

La India era el alba
Las mujeres distantes
El sol se acunaba en los brazos de él.
A veces,
cuando las nubes eran color vino
se lavaba la-cara en el Ganges.

Los cisnes remontaban desde el Lee
desplegando las alas.

2
Apoyada en las oscuridades
de su cuarto crepuscular
mi madre hablaba con Dios
recordando a Pearse
y el aliento de Connolly.

Irlanda era nueva
Los hombres altos
La tierra reflejaba su brillo.
A veces,
cuando las águilas chillaban
recorría los caminos a Belén.

Dios abría sus ojos
Poca cosa para un milagro.

De esos dos nací
El Ganges moviéndose con el Lee
y estruendo de artillería creciendo hasta perderse.
Mi madre se vistió de verde hasta que murió.
Mi padre murió con los cisnes.

Sólo los ríos siguen
sangrando suavemente.

CONSEJO A UN POETA

Sé chofer, dijo mi padre
y nunca te preocupes por la poesía.
Eso está muy bien para los ricos ellos pueden darse el lujo.
Lo que tú necesitas es dinero en el cinturón
uniforme gratis y muchos viajes.
Además, no hay nada en los versos.
Y todos los poetas son homosexuales rabiosos.

Quería ser poeta.
Otra cosa: nunca te cases
y si lo haces, cásate por dinero.
El amor, después de todo, viene solo
y cualquier puta vieja va a bailar por una libra.
Sigue mi consejo y sé chofer
El uniforme va a quedarte bien
el casamiento y los poemas seguramente te cegarán
y los poetas y enamorados están condenados al infierno.

Quería ser poeta.

¿Pero qué sentido tiene escribir poesía?
¿Le fue bien alguna vez a algún poeta?
Nunca encontré a uno que no fuera pobre
una presa de alguaciles, abogados y curas.
Sigue mi consejo y sé chofer
con tu aspecto seguramnte te va a ir bien
hasta podrías conocer a alguna viuda rica y vieja
que te deje una fortuna cuando muera

Quería ser poeta.
Bueno, revienta entonces, tus días son oscura
pobreza, miseria, matanza y pecado.
Los poemas que escribas no valdrán un centavo.
Y las mujeres con las que te cases te van a desangrar.
Sigue mi consejo y compra un revólver
y ya mismo dispárate en la nuca.
El Gobierno entonces podría juntar firmas
para que tu pobre padre no engendre otra vez.

Cargado de hojas el jardín se espesa otra vez.
El sol y los árboles las admiran, perezosamente.
Coles y claveles, en hileras y canteros, gotean cansadamente
y allá lejos las colinas, como perros sedientos, agazapados, claman por agua.
Amor, quién murmura que todo está en orden
en esta tarde de verano, cuando nada se mueve, ni siquiera las moscas, extrañamente,
mientras descansamos en el césped, aquí debajo del peral, observando indolentes
inclinarse a las hojas, a las sombras sin duda alargarse.

Pero no siempre será verano -no para nosotros; vendrán malos tiempos
en los que tú y yo veremos con envida viejas fotografías,
recordando cómo estábamos, ahí al sol, mirando como dioses,
mientras los días de nuestras vidas, como un fruto, maduraban y se pudrían,
y cómo, junto al lago,
su superficie calma, un atardecer de agosto, caminando, reíamos
mientras el amor deslizaba sus brazos entre los nuestros y alegremente seguíamos
la senda que nos mostraba por el lecho del valle de la vida.

Habrá entonces mucho que recordar, cuando los días, como húmedas hojas del verano tardío,
no crujan bajo nuestros pasos ningún otro verano espere
al cabo de un nuevo año con delicadas ropas para vestirnos a nosotros cuya sutil belleza hace tiempo habrá languidecido;
y el brillante verdor de la Naturaleza remendará nuestros corazones con angustia
cada día en que agosto atraviese las ramas con luz del sol, cuando las hojas reciban
voluptuosamente las caricias del viento del sur
año tras año agonizante.

Y sin embargo la declinación de cada nueva estación, la deserción
de cada día, quiebra sólo nuestra esperanza y no nuestro valor, sano y salvo
en el profundo refugio de nuestra conciencia; los arbustos y los altos árboles
florecen y caen inconcientemente derrotados
en tanto el hombre, maduro por completo, cuyo orgullo lamentan los ángeles,
observa al amor apagándose algún lánguido atardecer, sin nadie alrededor,
que llega el invierno y no queda combustible, las luces no funcionan, el alquiler
no se ha renovado, y que el verano es unas sílabas apenas recordadas.
ESTA HORA SU VIGILIA

Elizabeth, gélidamente tendida,
un día de primavera, nos sorprendió
con su rígida dignidad y la serenidad
de sus manos que sujetaban una cruz negra.

Con el libro y la vela y un platillo de agua bendita
nos recibió en el cuarto con la persiana baja.
Sus ojos estaban singularmente cerrados y nos arrodillamos tímidamente
advirtiendo el manchón de su cabello sobre la almohada blanca.

Esa noche nos encontramos junto al muro derrumbado
en el campo detrás de la casa donde yo vivía
y hablamos sobre eso, pero no pudimos hallar la razón
por la que nos dejó a nosotros, a los que tanto había querido.

Muerte, sí, entendíamos: algo relacionado
con la edad y la decadencia, cuerpos decrépitos; pero aquí había uno vigoroso, distante y recatado,
que no respondía a nuestros furtivos suspiros.

A la mañana siguiente, al oír al sacerdote decir su nombre,
me escapé, ya convencido,
y lloré con mis siete años contra el muro de piedra de la iglesia.
Durante dieciocho años no pronuncié su nombre

hasta este día otoñal cuando, con un ventarrón,
un vástago cayó del otro lado de mi ventana, con sus ramas
manchando con rebeldía el verde del césped. De pronto, recordé
a Elizabeth, gélidamente tendida.
LA TOLERANCIA DE LOS CUERVOS

La muerte llega en gran número por problemas
resueltos en los mapas, disposiciones bien ordenadas,
ángulos de elevación y dirección;

llega inocente a manos de instrumentos que podrían gustarle a los niños, guardándolos debajo de las almohadas, inocentemente clavados en toda carne.
Y con la carne se desmorona la mente
que arrastra al pensamiento de la mente que despoja .con claridad al pensamiento de un propósito esperado.

El avance del veneno en los nervios y
el colapso de la disciplina se detiene.
El cuerpo espera la tolerancia de los cuervos.
Luego de agudas palabras de la mente exquisita,
la protesta en la corte,
el íntimo fino intelecto coartado,
líneas rectas de prisión, paredes vacías,
una belleza sutil en un sitio simple.

Allí para forzar el pensamiento por el cerebro encerrado, tejen allí
las delgadas cuerdas del pensamiento, en calma,
hasta que la rutina del horizonte confinó
la alegría en la seguridad
y entre el rigor creció la dulzura,
misterio de los barrotes en flor.
ANK'HOR VAT

Los bosques con astas
descienden al mar.
Aquí la jungla llena de estiércol se detiene

Buda ha cubierto las paredes del gran templo
con la velocidad vegetativa de sus imágenes'

Esperemos, juntos
Ningún dios o santo occidental
sonrió jamás con la grácil furia de este dios
que pone en duda
la mirada hueca de Apolo
nuestra corona de espinas cristiana:

No hay ningún misterio en las líneas luminosas
de ese rostro intenso, animal
la sonrisa, triste, indulgente y serena
bendice sin obligar
ama sin condescendencia;
el dios, claro como el agua de una fuente
ve a través de todo, al tiempo que todo
fluye a través de él.

Una efusión de flores
cuyos nombres no conozco
la papada blanda, escarlata
las piernas blancas, cruzadas y flojas

Mientras, en la lejanía mental que me separa de la pasión,
la prolífica divinidad del templo
es una muda inscripción en pergamino.

Postrémonos ante él
su mirada se derramará como aceite sobre nosotros.



EL SUICIDA

Y está, señoras y señores -a quienes no estoy guiando en realidad
era su oficina hasta hace unos minutos;
este hombre del que jamás oyeron hablar. Ahí están las facturas
en la cubeta, la ceniza en el cenicero, la agenda gris
delante de él, los archivos atestados,
el jurado cómplice de su correspondencia sin contestar
dormitando bajo el pisapapeles a la brisa que llega
de la ventana de donde saltó; y aquí está el receptor rajado
que nunca se reparó y el anotador con su último garabato
que podría ser su propia úlcera intestinal o podría ser
el laberinto florido por el que había vagado deliciosamente hasta
tropezar de pronto en una alcantarilla bajo las malvas,
consciente finalmente de todo lo que le faltaba. La punta del lápiz
obviamente se había roto, aunque, cuando abandonó este sitio
mediante una pirueta felina o un simple acto de desaparición,
para quienes lo reconocieron a pesar del revoltijo en la vereda,
ese hombre con tímida sonrisa dejó atrás
algo que estaba intacto.
NIEVE
El cuarto se animó de repente y el amplio ventanal del mirador
mostró nieve en abundancia y rosas rojas
calladamente contiguas e incompatibles:
el mundo es más repentino de lo que imaginamos.

El mundo es mucho más bizarro de lo que pensamos,
incotregiblemente plural. Yo pelo y corto una mandarina y escupo las semillas y siento
la embriaguez de lo diverso entre las cosas.

Y el fuego arde con un sonido crepitante porque el mundo
es más malicioso y alegre de lo que uno supone
-por la lengua los ojos las orejas las palmas de la mano-.
Hay más que vidrio entre la nieve y las espléndidas rosas.
BAJO LA MONTAÑA

Vista de arriba
la espuma en la bahía es una pluma
que se abre... se repliega.

Visto de arriba
el campo es una falda y las parvas botones
que la mantienen al ras de la tierra.


Vista de arriba
la casa es un artefacto mudo cuya función
hace tiempo es obsoleta.

Pero cuando uno baja
las rompientes son escoria fría y las algas
sisean contra la costa nauseabundas.

Cuando uno baja
el campo es una cosecha provechosa o malograda, la fuente
de dolor en las espaldas, si no de congoja.

Y cuando uno baja
la casa es un maétstrom de amores y de odios donde uno
-que ha bajado- pertenece.
Homero dónde nació dónde yace hijo de quién
qué viajes emprendidos no se sabe Su obra
perdura testimonio de inquebrantable mirada triste contenida
Un arpa usa fondo para versos cantados
No se cortó las uñas no fue indiferente no enmascaró
la luz que suponemos había entrado una vez a sus ojos para marcar la memoria
con la exacta luz del sol al mediodía reflejada en el mar agitado por el viento
La noche negra para la muerte los colores de la mañana y la tarde para la vida
el rosa el glauco el alfombrado malva del oleaje
la anatomía mutilada el negro el blanco el rojo del hombre en guerra
los gritos las mujeres aguzando paciencia los corazones vacíos
Sus oídos abiertos a la palabra hablada y las palabras derrotan al tiempo
como arena llevada por el viento
palabras de triunfo enemistades atentas hechizos tramados malicia
torbellino de sonido continuo mezclado en un oído perfecto
alisando todo y cada cosa de manera coherente y más real que la historia
Prudente Homero que sobrevivió para escribir sus poemas
se guardó acaso sin decir en lo profundo del corazón atormentado
lo que no hubiera agradado a sus huéspedes sirvientes
ni alcanzado por resonancia el corazón de los señores envanecidos pero pudo llegar finalmente a nuestras almas confusas
Silencio y paz.
Fue llevado al país de la vida. ¿Para que hacer preguntas? Su morada, desde ahora, es el Descanso, y su vestido, la Luz. Para siempre.
Silencio y paz. ¿Qué sabemos nosotros?

Dios mío, Señor de la Historia y dueño del ayer y del mañana, en tus manos están las llaves de la vida y la muerte. Sin preguntarnos, lo llevaste contigo a la Morada Santa, y nosotros cerramos nuestros ojos, bajamos la frente y simplemente te decimos: esta bien. Sea.

Silencio y paz.

La música fue sumergida en las aguas profundas, y todas las nostalgias gravitan sobre las llanuras infinitas.

Se acabó el combate. Ya no habrá para él lágrimas, ni llanto, ni sobresaltos. El sol brillará por siempre sobre su frente, y una paz intangible asegurará definitivamente sus fronteras.

Señor de la vida y dueño de nuestros destinos, en tus manos depositamos silenciosamente este ser entrañable que se nos fue.

Mientras aquí abajo entregamos a la tierra sus despojos transitorios, duerma su alma inmortal para siempre en la paz eterna, en tu seno insondable y amoroso, oh Padre de misericordia.

Silencio y paz.

(Nombre del Amado). 
Los recordamos. 
A la salida del sol y en donde se pone, los recordamos. 
Al soplar el viento y el frío del invierno, los recordamos. 
En la apertura de las yemas y en el renacer de la primavera, los recordamos. 
En el azul del cielo y en el calor del verano, los recordamos. 
En el susurro de las hojas y en la belleza del otoño, los recordamos. 
A principios de año y cuando termina, los recordamos. 
Mientras vivamos, también ellos vivirán, pues son ahora una parte de nosotros, 
como nosotros los recordamos. 
Cuando estamos cansados ​​y necesitados de fuerza, los recordamos. 
Cuando estamos perdidos y enfermos de corazón, los recordamos. 
Cuando tenemos la alegría que anhelamos compartir, los recordamos. 
Cuando tenemos que tomar decisiones que son difíciles de tomar, los recordamos. 
Cuando tenemos logros que se basan en ellos, los recordamos. 
Mientras vivamos, también ellos vivirán, 
pues son ahora una parte de nosotros, 
como nosotros los recordamos


Los irlandeses son conocidos por sus hermosas oraciones fúnebres, de los que hay cientos, encuadernadas en libros y todavía se utilizan en la actualidad.

No te quedes en mi tumba a llorar. 
No estoy allí, yo no duermo.  
Soy mil vientos que soplan. 
Soy los destellos de diamante en la nieve. 
Yo soy la luz del sol en el grano maduro. 
Soy la suave lluvia de otoño. 
Cuando te despiertes en el silencio de la mañana, yo soy la prisa veloz. 
De pájaros silenciosos en vuelo en círculos, yo soy la estrella suave que brilla en la noche. 
No se pare en mi tumba a llorar. 
No estoy allí... yo no morí


Si hay alguna tradición común en los hogares irlandeses es el entierro de un ser querido. Hay muchas ideas acerca de los inicios del velorio irlandés. El más favorecido se originó con los celtas, que creían que la muerte era simplemente un movimiento para la vida futura y, por lo tanto, una razón para celebrar. El velatorio de hoy no es muy diferente del que siempre ha sido. El velatorio tendrá lugar en la casa del difunto o en la casa de un pariente cercano. Una ventana se abre después de la muerte para que el espíritu del difunto salga de la casa. Después de dos horas, la ventana se cierra para evitar que el espíritu vuelva ingresar. El fallecido es lavado y vestido, un rosario se envuelve alrededor de las manos y con una cruz colocada alrededor del cuello. Todos los relojes se detienen en el momento de la muerte y todos los espejos serán cubiertos por respeto. Las cortinas se cerrarán. Aunque la muerte es sin duda una de las causas para llorar, un velorio irlandés tradicional es solemne. Los amigos y familiares por igual se reúnen y comparten recuerdos. La comida y bebida está siempre presente. Los amigos y vecinos traen una comida para ayudar, ya que hay un flujo constante de visitantes. Los visitantes serán recibidos por un miembro de la familia, y luego irán a la sala donde esté el fallecido. Se paran delante del ataúd por unos minutos y dirán una oración.

Que la subida del camino te encuentre. 
Que el viento sople siempre a tus espaldas. 
Que el sol brille cálido sobre tu cara. 
Que la lluvia caiga suave sobre tus campos y hasta que nos volvamos a encontrar, 
que el Señor te guarde en la palma de Su mano. 

El irlandés cree que al poner un memorial junto con fotos, notas personales y frases de solidaridad, ayuda a honrar la vida y los recuerdos y une a la gente para mayor comodidad.
Vas a casa esta noche,
a tu casa de invierno,
a tu casa de otoño, de primavera y verano:
vas a casa esta noche,
a tu hogar perpetuo,
a tu lecho intemporal,
a tu sueño eterno.
Duerme, duerme, y echa fuera tu pena;
duerme, duerme, y echa fuera tu pena;
duerme, duerme, y echa fuera tu pena;
duerme, amado, en la Roca del aprisco…
La sombra de la muerte
está en tu rostro, amado,
pero Jesús tiende su mano sobre ti;
en la proximidad de la Trinidad
se desvanecen tus dolores,
Cristo está ante ti y la paz está en su mente.
Duerme,
oh duerme en la calma de las calmas,
duerme, oh duerme en la guía de las guías,
duerme, oh duerme en el amor de los amores,
duerme, oh amado,
en el Señor de la vida,
duerme, oh amado,
en el Dios de la vida.

martes, 7 de mayo de 2013

La Señora Finigan

La Señora Finigan

A cada minuto y a cada hora que pasa, me sigo atormentando con un torbellino de ideas y posibilidades, que se quedaron sin responder desde aquélla espantosa tarde en la que salí corriendo de la casa de la Señora Finigan. Fue tan espantoso lo que vi, que aún sigo pensando fue sólo una pesadilla. Sin embargo, este relato que cuento ahora  y me atrevo a mencionar, comprueba que fueron sucesos totalmente reales.

Todo comenzó cuando vivía en la casa de una tía, que siempre me recibía con los brazos abiertos, sin esperar nada a cambio. Ese verano había tomado tal decisión debido al repentino nuevo trabajo de mi padre ya que tenía que mudarse al extranjero por una temporada, mi madre había fallecido cuando mi hermana pequeña nació, esa fue la temporada donde cualquier persona me veía cuidando siempre a mi hermana pequeña de 3 años.

En ese entonces yo constaba de 14 años, me encantaba leer y salir a veces por las tardes a sentarme en el parque detrás de la casa de mi tía a escribir pequeños cuentos de ficción, terror y hasta de aventuras debido a los todos esos libros que había leído y me habían  llenado la mente de aventuras literarias.

En la casa de mi tía, mis actividades cotidianas o espontáneas no se detuvieron; mientras mis primos jugaban futbol con sus amigos en la calle, yo me dedicaba a sentarme en la orilla de la banqueta a leer o escribir. Una tarde mientras leía tranquilamente, a lo lejos vi una pobre anciana, que batallaba con sus bolsas del supermercado la anciana apenas podía caminar y cargar sus compras. Así que guardando el libro en mi mochila que llevaba a todas partes  y viendo que mis primos estaban  a punto de golpearla con el balón, me levanté y caminé hacia ella.

-¿Le ayudo señora?- Le pregunté al llegar junto a ella.

-Si señorita muchas gracias- contestó mirándome con una extraña sonrisa que me hizo recordar un fragmento de un cuento "El terrible anciano"

-¿Me Permite?- Proseguí tomando sus bolsas, que me costó trabajo cargar era yo una chica debilucha.

La Sra. Finigan, ya que poco tiempo después me enteré que así se llamaba, era una vieja de mediana estatura, un poco encorvada y con una nariz aguileña que me hacía sentir que la anciana era un ser respetable, pero a la vez algo perverso, pero a pesar de todo la acompañé hasta su casa que se encontraba en la siguiente calle de la que vivía mi tía y coloqué sus bolsas en uno de los sofás de su sala-comedor.

-Siéntate jovencita- argumentó la vieja con la misma sonrisa repulsiva carente de chiste.

-Si señora muchas gracias- dije viendo mí alrededor descubriendo varios objetos extraños que nunca antes había visto, o recordaba de una vida pasada.

-Lamento haber interrumpido tu lectura- continuó ofreciéndome un vaso con agua de un sabor poco común- ¿Gustarías quedarte a comer?- preguntó comenzando a sacar sus cosas recién compradas.

-Oh no muchas gracias- contesté un poco incomoda  mientras miraba una peculiar figura de piedra pómez que se encontraba en la mesita de centro- Lamento rechazar su oferta pero en estos momentos mi tía me ha de estar buscando para que coma-

-Entonces  permíteme te dé las gracias obsequiándote un tazón de fruta- dijo mientras se iba hacia la cocina, haciendo a un lado a un pequeño gato color café de ojos grandes y bonitos mostrando un color verde grisáceo, que hasta ese momento no había notado.

-Gracias- volví a responder mientras miraba al gato que tímidamente se había acercado a mí.

Cargue al gato lo coloqué a la altura de mis ojos para mirar los suyos, y me di cuenta era un animal muy peculiar, sus ojos me hacían sentir como si este me quisiera decir algo y experimentando una rara sensación de advertencia, lo dejé sobré el sofá , mientras miraba un estante de libros con títulos extraños: " Preámbulo de la magia" por Amber K, "el Kybalión" por Tres iniciados, leí en otro en el momento que entraba la Señora Finigan con un tazón lleno de fruta picada en ángulos extraños.

-Toma querida- dijo con voz melosa

-Gracias- contesté tomando el tazón analizando que la señora Finigan era sumamente extraña, tenía libros que alguna vez escuche mencionar a un amigo de Universidad, como libros prohibidos y condenados, aparte de las extrañas sensaciones que su cara y sus movimientos me producían, eran vacíos carentes de sentido, me causaba repugnancia, pero a la vez una especie  de fascinación  incomprensible, aunque tal vez solo eran aspectos sin importancia .que mi mente imaginativa  asociaba con tantas cosas leídas.

-La fruta sabía extraña, pero no queriendo ser grosera, me la comí  poco a poco mientras la Señora  me contaba sobre su soledad, sus gatos (ya que el café no era el único) y en general acerca de su pasado y presente, ambos monótonos.

Al fin me terminé la fruta y prometiendo regresar a verla, regresé a la casa de mi tía.

Todos los días acudía a verla, y todos los días me daba algún aperitivo de extraño sabor, mientras seguía escuchando sobre su vida. Poco a poco perdí la costumbre de escribir, salvo mi pasatiempo de lectura, que ahora era por las noches mientras mis familiares dormían. Más este también fue disminuyendo, ya que cada vez pasaba más tiempo en la casa de la Señora Finigan, escuchando sus leyendas y cuentos sobre seres asombrosos relativos a su vida fascinándome cada vez más por su manera inexpresiva de moverse, hablar e incluso sonreír.

A pesar de todo con el paso del tiempo me fui acostumbrando al sabor de sus obsequios( que extrañamente me causaban un genio y sueño atroz)y sin comprender porque, la vieja ya no me parecía tan repulsiva ni extraña, esas opiniones me eran ahora totalmente indiferentes; Cada día me encariñaba más con ella y con Mildred la gatita café (que ahora sabía era una gata), mas había en los ojos de esta una expresión que siempre me había parecido conocida, una expresión que no era totalmente animalesca.

Una tarde mientras el sueño me vencía y la anciana había ido por un poco de helado a la cocina, tomé a Mildred y levantándola una vez más a la altura de mis ojos, para mirar los suyos, entonces fue cuando recordando la extraña manera de actuar de la vieja, los extraños libros en los estantes, las figuras raras sobre los muebles y el asqueroso sabor de los aperitivos, me di cuenta de todo.

Los ojos que miraba en ese instante no eran comunes, expresaban dolor y miedo, los ojos que miraba en ese instante no eran de un animal doméstico, eran de una mujer, una mujer ya vieja, una mujer que ahora estaba encerrada en ese frágil cuerpo de gato, mientras un ser desconocido y de suma inteligencia usurpaba el suyo.

Totalmente asustada dejé la gata sobre el sofá y me acerqué cautelosamente  la entrada de la cocina, esta despedía un olor fétido inaguantable, y caminando lentamente a la estufa descubrí aun lado de esta, un libro abierto con una leyenda que nunca olvidaré y con el dibujo de las verdadera identidad de la repulsiva vieja usurpadora de cuerpos inocentes ayudándose de pociones y ritos para guardar las almas de sus víctimas en animales que siempre les acompañarán…

Eso fue lo que vi mientras la usurpadora de cuerpos se encontraba de espaldas vaciando una sustancia gelatinosa al helado que me serviría, al parecer la próxima sería yo. No sé como salí de esa cocina tan silenciosamente sin ser descubierta, tampoco sé como abrí la puerta de la casa que momentos antes la anciana había atrancado, solo recuerdo la espantosa escena de la cocina y cuando corrí por toda la calle rumbo a la casa de mi tía, con la pequeña gata en brazos que aún conservo como fiel compañera. Nunca volví a caminar por allí, nunca volví a saber de aquélla vieja siniestra junto con su terrible sonrisa, usurpadora de almas  y cuerpos.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Perdon que no sepa expresar con claridad mis pensamientos, solo comprende que dentro de mi tambien ahora luchan mareas, terremotos y vientos… que aun me visitan esos fantasmas del pasado, asi como los entes que se van adentrando en el tiempo presente… no te pido que comprendas mi temor, ni siquiera te pido que lo intentes, lo unico que me gustaria pedirte seria una pizca de paciencia y unos cuantos granos de tu reloj de arena… espero que descanses bien y que recuerdes que esta noche como muchas otras yo te extraño…
— siempre a ti…

medita acerca de lo mucho que hace el amor por la dieta. Recuerda que en la Minnengröte, la gruta del amor, del Tristán de Gotfried von Strassburg “los ocupantes no necesitan alimento [...] Muchos se han quedado sorprendidos ante esto y sienten curio¬sidad y ganas de saber como se alimentaban Tristán e Isolda, los dos amantes, en este yermo solitario. Se los voy decir y a satisfacer su curiosi¬dad. Se miraban el uno al otro, y de esto vivían. La cosecha de sus ojos era el alimen¬to de los dos. No comían otra cosa más que amor y de¬seo. Los dos enamorados no se inquietaban lo más mínimo en relación a la comida. Llevaban consigo, oculto bajo sus vestidos, el mejor alimento que cabe encontrar en el mundo. Éste lo tenían, sin necesidad de pagar nada, a su disposición, siempre fresco y nuevo”.

martes, 8 de noviembre de 2011

En este deambular de la vida se que día a día hay más luz en mi vida.... más por recorrer, aprender, entender y construir.... pero el precio que pago cada vez me parece más alto... No sabes cuánta falta me haces!!!.... Quisiera estar ahí para apoyarte!!!

lunes, 7 de noviembre de 2011

Era mi sueño. Pero algo se metió de por medio, y me levanté en plena noche. Di algunos traspiés hasta que llegué a la nevera. El agua estaba helada (me ha dado un escalofrío sólo de escribirlo). Intenté recordar lo que soñaba, porque era donde quería volver. Pero no recordaba nada. Y me senté en la cocina, apoyando la cabeza en algunos recuerdos gratos de la infancia, cuando todo era más de día y los sueños no se me olvidaban. Es curioso, no me puse a leer, pero pensaba en los libros que leía por entonces. Al llegar del colegio o por la noche, medio a escondidas. Con el pecho valiente de corsarios y mosqueteros. Esas historias. O investigando algún crimen despiadado, o un robo muy extraño. Y de pronto mi madre sentada en mi cama. O allí, en la cocina, preguntándome por lo que soñaba o leía, y protegiéndome del miedo. Mi madre, esa realidad magnífica de mi vida. Esa luz que no dejo de ver aún en las noches más oscuras. Me levanté, pero antes de volver a la cama, recorrí a tientas la casa, y salí al balcón para respirar la madrugada. Y contemplar la calle vacía, y el sueño de los árboles, en esa nana en la que les mecía la brisa.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Las mariposas

Las mariposas

Ora blancas cual copos de nieve,
ora negras, azules o rojas,
en miríadas esmaltan el aire
y en los pétalos frescos retozan.
Leves saltan del cáliz abierto,
como prófugas almas de rosas
y con gracia gentil se columpian
en sus verdes hamacas de hojas.
Una chispa de luz les da vida
y una gota al caer las ahoga;
aparecen al claro del día,
y ya muertas las halla la sombra.

¿Quién conoce sus nidos ocultos?
¿En qué sitio de noche reposan?
¡Las coquetas no tienen morada!...
¡Las volubles no tienen alcoba!...
Nacen, aman, y brillan y mueren,
en el aire, al morir se transforman,
y se van sin dejarnos su huella,
cual de tenue llovizna las gotas.

Tal vez unas en flores se truecan,
y llamadas al cielo las otras,
con millones de alitas compactas
el arco iris espléndido forman.
Vagabundas, ¿en dónde está el nido?
Sulamita, ¿qué harén te aprisiona?
¿A qué amante prefieres, coqueta?
¿En qué tumbas dormís, mariposas?

¡Así vuelan y pasan y expiran
las quimeras de amor y de gloria,
esas alas brillantes del alma,
ora blancas, azules o rojas!
¿Quién conoce en qué sitio os perdisteis,
ilusiones que sois mariposas?
¡Cuán ligero voló vuestro enjambre
al caer en el alma la sombra!

Tú, la blanca, ¿por qué ya no vienes?
¿No eres fresco azahar de mi novia?
Te formé con un grumo del cirio
que de niño llevé a la parroquia;
eres casta, creyente, sencilla,
y al posarte temblando en mi boca
murmurabas, heraldo de goces,
«¡Ya está cerca tu noche de bodas!»

¡Ya no viene la blanca la buena!
¡Ya no viene tampoco la roja,
la que en sangre teñí, beso vivo,
al morder unos labios de rosa!
Ni la azul que me dijo: ¡poeta!
¡Ni la de oro, promesa de gloria!
¡Es de noche... ya no hay mariposas!

¡Ha caído la tarde en el alma!
Encended ese cirio amarillo...
¡Las que tienen las alas muy negras
ya vendrán en tumulto las otras,
y se acercan en fúnebre ronda!
¡Compañeras, la pieza está sola!
Si por mi alma os habéis enlutado,
¡Venid pronto, venid mariposas!

lunes, 21 de marzo de 2011

La tumba sin nombre

La tumba sin nombre

Te contare una pequeña historia de una niña muerta…

Era una ves una familia en día de muertos, una familia de seis personas, abuelos, padres, hijos, llegaron a medio día al panteón y cargaban con lo necesario para hace un pic-nic en el pequeño terreno de de lapidas, tumbas, cruces viejas de madera o metal oxidado. La Familia visitaba sus difuntos, ocho familiares seguidos en sus tumbas, adornados ya con papel y velas y flores de tantos colores como pudieran imaginar.

Habían comprado un pedazo de unos dos por cuatro metros "para el próximo" familiar que muriera, podría ser cualquiera, la abuela viuda, o la pequeña bebe de dos meses de edad , el padre, cualquiera, era una familia previsora, quien lo sabría?

Casi eran las cinco de la tarde y notaron cerca de la ultima tumba, la de la tía Beatriz, una tumba sin lapida, solo un montón de tierra y una cruz bastante maltratada que no dejaba ver el nombre de la persona, al ver esa tumba la familia sonrió y pensó; -hay qué ganar ese lugar, así tendríamos dos lugares, esa es una tumba abandonada, y a nadie le molestara que la tomemos, después de todo está junto a nuestro lote y podríamos decir es nuestra. Por casualidad del destino o una de esas coincidencias extrañas paso un joven repintando los nombres en las lapidas de las tumbas a cambio de dinero, fue contratado para poner un nombre cualquiera en "la tumba sin nombre" el joven coloco un nombre un tal "Juan de los Santos" arreglaron la cruz de esa tumba se veía como nueva .

El día trascurrió y la noche era iluminada por las velas encendidas en el panteón, la familia platicaba y bebía un poco, los niños jugaban entre las tumbas.

A la media noche caminaba un viejo, acercándose a la tumba usurpada era un familiar lejano, de esos del primo del abuelo, que apenas la gente joven reconoce, pero conocidos por los más viejos. Se acerco a la tumba y les dijo a sus familiares; -esta tumba esta incorrecta...- Aquí yace el cuerpo de Violeta la pequeña hija de nuestro abuelo tío, la familia ignorando el comentario, hizo que no escucho.

Pero Violeta enfurecida, y triste, triste por el abandonó, enfurecida por el descaro de la familia, se preguntaba si a ellos les hicieran lo mismo se ofenderían que escribieran "Juan de los Santos” sobre el diluido nombre de su lapida.

Violeta, que tenía ya un rato escuchando el balbuceo de la familia, no aguanto mucho más…Salió de su tumba con su muñeca en mano y borro ese dichoso nombre, saludo a su abuelo tío, y puso en un hermoso tono lila su nombre “Violeta” al terminar, en silenció y rápidamente regreso a dormir tranquila en su linda tumba.

Amanecía y los primeros rayos del sol iluminaban las tumbas, incluyendo la de la pequeña Violeta, alterada la familia le preguntaban al anciano; -De que se trataba esa broma, ¿quien era esa niña llena de tierra, y pálida como la luna que borró y escribió otro nombre en la lapida?, el viejo sólo les comento; -que los muertos nunca están muertos en realidad mueren cuando se les olvida- mientras ponía un par de flores y encendía una veladora sobre la tumba de la niña.